Y todo el trabajo duro necesario para ponerlo en marcha aportó muchos beneficios.
El primero fue la velocidad. La integración de la computación en nube ha hecho que la puesta en marcha del proyecto sea el doble de rápida, y la enorme infraestructura que hay detrás significa que la organización puede ampliar rápidamente los recursos informáticos en función de la demanda, algo crucial en situaciones de emergencia.
“La nube nos libera de la gestión del hardware, lo que nos permite centrarnos en nuestras actividades principales. También garantiza que nuestros datos y aplicaciones se almacenen en entornos seguros y redundantes, lo que mejora la resiliencia”, afirma.
No dudaría en recomendar la computación en la nube a otras organizaciones sin ánimo de lucro. “Nos ha ofrecido una oportunidad única de ampliar instantáneamente nuestros servicios para satisfacer la demanda sin necesidad de grandes inversiones en infraestructura. Además, nos ha ayudado a innovar, proporcionándonos acceso a tecnologías avanzadas como la inteligencia artificial, todo ello con un modelo de pago por uso”, afirma.
Y cuando se trata de entender cómo sacar el máximo partido de la tecnología en la nube, compara las herramientas disponibles en la nube con las que hacen más inteligente una casa normal.
“En la actualidad, muchas nuevas construcciones incorporan tecnología de hogar inteligente (smart home) para optimizar el consumo, controlar la energía y gestionar la iluminación o la seguridad desde un único sistema; en la nube, hay herramientas para gestionar todos los recursos y optimizar así su uso”.